Geometría del enigma
En el alma el viento de la inquietud
en el corazón el fuego de la pregunta
Carmen Martín Gaite
uno
mis manos como criaturas intrusas se adaptan
a mi carga de sensaciones
se hacen invisibles al aferrarse
a ese fragmento desprendido de la eternidad que rueda
desordenada
son la medida de mi cuerpo cuando la fisura absurda
del mundo
se pliega entre lo posible y la esfinge de lo que no es
(mis dominios secretos)
esa geometría del enigma ese peligro que invade
desde las sombras la hora enajenada del presagio
entonces surge el latido en la noche -travesía que me excede-
y solo deja rastros de un nombre
para decir en la memoria lo intraducible
se hechiza mi visión frente al dominio del viento
detrás de la melancolía
y son mis manos las que se hunden en la luz
(buscan el alma del viento)
atraviesan el verde mágico -alientan la memoria-
y penetran la tiniebla que precede al amanecer
preguntan las mudas tempestades contestan
vestigios de un murmullo hermano
de una aletargada sangre
de la vestimenta que cubre la casa solitaria
-corazón inviolable dormido junto al sueño de otra vida prisionera-
es desafío el juego de la pregunta
-más poderoso que una ausencia cruzando
el vacío sitio donde fuimos amados-
herido hasta las lágrimas el rumor sostiene los deseos
en el rincón amante de secretos
mis manos como criaturas intrusas detienen el llanto
ese pasajero de mis ojos en continuas lluvias
reconquistan las horas de antaño
antes de gritar sobre la orilla de estas venas
que estremecen el dorso con senderos azules
preguntan
para desvanecer el tiempo
que cubre la piel en cada hora incesante de los días
reconozco la máscara dorada que sostiene mi cuerpo
amparado por una red de ademanes
habita el pensamiento
traspasa dominios fatigados de hierba
prolonga el olvido respira en la brisa de unos gestos
instala mi reino -dominio del silencio interminable-
contemplo la imagen
me reconozco
No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío...
R. G. Tuñón
dos
desaparece es mariposa rebelde
bebió culpas del sueño inconfesable
conjura y rompe cristales de azul vértigo
-ilusiones que nunca se dieron-
vuela sobre la oración de la tarde
la que guarda ira y vigila sonrisas
vuela sorprende tinieblas y amantes
pronuncia es paciente palabra sin manifestar
-abrirá mis ojos para reconocer signos-
desaparece es mariposa rebelde
se levanta como grito y danza
da vida al cansancio que detiene lo indefenso
(y se va al caer la tarde)
aleteo de pájaro en jaula
río cansino que regresa a su naciente
mientras el silencio devora aquella piel temblorosa
-mide mi asombro ante las diferencias-
vuela encabrita el aire y sus deseos
refugia entre alas este ruego interminable
-mi cuerpo es su materia-
anuncia que su débil cuerpo se ha convertido en bestia (violenta)
vuela es mariposa rebelde líder de ciegos peces
(aletea y convierte el sendero del aire en presencia de agua)
no es importante (dicen) una plegaria no hace al templo
-me rozan murmullos de otras gentes-
vuela esa mariposa (es zarza ardiendo)
convierte peces se hace sagrado el cautivo silencio
ya no hay monarcas ni caballos indómitos
la tierra pasa por la hora incierta el mar mece al sol
(olvida su luz) -me cubro con sus secretos-
vuela es mariposa rebelde
me resguarda de la lluvia cuando regresa el desconocido llanto
(agudo)
de la muchedumbre en sombras
y es agua de bautismo más certera en remolino lento
antes de irse desvaneciendo en el olvido
antes de que mis ojos se asombren
de este poema donde sobran palabras
y se pierdan en la opaca fiebre que consume el día
(de nada vale que lo diga)
los escépticos seguirán ignorando lo dicho por labios sin voz
aquellas palabras que salvan
aquellas palabras que luchan y levantan sus brazos
en todos los idiomas del planeta.
Cecilia Ortiz
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